Oscar Müller Creel
Oscar Müller es Doctor en Derecho y tiene el grado de Maestro en Administración de Justicia y candidato a maestro en periodismo. Es originario de la ciudad de Chihuahua, México. Es colaborador en Radio Claret América de  Chicago Illinois, en temas de Derechos Humanos y Administración de Justicia y sus columnas de opinión se han publicado en el periódico Hoy del grupo Tribune Publishing Company de Chicago Illinois EUA, la cadena noticiosa Hispanic Digital Network de CISION, asà como en el Heraldo de Chihuahua del grupo Organización Editorial Mexicana. Ha escrito libros sobre Derechos Humanos y Ãtica del Abogado, asà como artÃculos cientÃficos en Universidades de México, Colombia y España. Correo: [email protected]
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El Chaguami y la Raza de Bronce
Por Oscar Müller C. Entró en las oficinas con timidez, seguramente por miedo a que se le llamase la atención, y se acercó a la recepcionista diciendo una sola palabra: âKórimaâ, que en la lengua rarámuri significa âcompartirâ y que los que desconocemos esa hermosa cultura confundimos con âlimosnaâ. Era un niño de aproximadamente 10 años, en cuyo rostro se reflejaba la nobleza que caracteriza a los de su etnia, y le invité a pasar a mi privado donde platiqué con el y le di una moneda, su nombre era Ramiro y volvió con frecuencia a la oficina e hizo buenas migas con José LuÃs, hombre joven que usaba un largo bigote y perilla que cubrÃan buena parte de la cara. Cierto dÃa entró Ramiro y fue directo al privado de José LuÃs y, al no encontrarlo, se dirigió a la recepcionista y le preguntó: ¿y Chaguami? Y al mismo tiempo se tocaba la cara con gestos que hacÃan referencia al bigote y la barbilla. Excuso decir que la broma hacia José Luis implicó un nuevo apodo. Los gestos de Ramiro implicaban al bigote y la barba de José LuÃs y los rarámuris, se refieren a quienes no pertenecemos a su etnia como Chabochi, que tiene el significado de pelo en el rostro. El vello facial es una caracterÃstica propia de los europeos y cuando estos llegaron a América, se sorprendieron de que los habitantes de estas tierras fueran lampiños. En las crónicas de los primeros exploradores encontramos continuas referencias a esta circunstancia: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien formaba parte de la tripulación de la flota de Ponce de León para explorar el territorio de la penÃnsula de Florida y naufragó recorriendo desde los territorios del actual Luisiana, hasta Sinaloa, trayecto durante el cual convivió con un gran número de tribus, dándonos la siguiente descripción de los individuos que conoció: âvan completamente tonsos y sin barbaâ. El cronista de la conquista de Tenochtitlan: Bernal DÃaz del Castillo, en la parte donde describe la apariencia de los habitantes de esa ciudad, se refiere también a la carencia de vello en el cuerpo de la siguiente manera: â... lampiños y las âdoncellas van de todo punto desnudasâ¦â Gonzalo Fernández de Oviedo, quien fuera cronista oficial de Las Indias, describe a los aborÃgenes de la actual isla de Santo domingo refiriendo que âTienen unas frentes anchas, el pelo negro y muy liso, y sin barba o cualquier pelo en el cuerpo, sin importar su género.â La presencia del vello facial en los habitantes del continente europeo, tuvo distinto tratamiento en la historia, asà para los antiguos griegos, la barba era sÃmbolo de virilidad y sabidurÃa y solÃan cuidarla con aceites e inclusive rizarla con tenacillas calientes. Para el siglo III A.D. Alejandro Magno impuso la moda de depilarse el vello facial; en la Roma Republicana, el llevar el rostro afeitado era seña de civilidad y ciudadanÃa, tal costumbre cambió ya en el siglo II de nuestra era, en atención al emperador Adriano quien usaba crecido el vello facial. Una anécdota interesante sobre esta costumbre trata de la barba hirsuta que los jóvenes de algunas tribus germánicas usaban pues la costumbre les imponÃa no arreglarse ni tener contacto con mujer, sino hasta que mataran a su primer enemigo y las cohortes romanas en las fronteras del Rin probaron el arrojo y la furia de esos adolescentes que les atacaban con especial furia en los combates que continuamente se daban en esos territorios. En la Edad Media, la barba volvió por sus fueros y era considerada un sÃmbolo de estatus y dignidad, los caballeros la cuidaban con esmero pues simbolizaba esas cualidades y el hecho de tocar la barba de alguno de ellos podrÃa interpretarse como una ofensa grave. Los miembros de la iglesia, por el contrario, solÃan afeitarse el vello facial para diferenciarse de los otros sectores de la sociedad. y es este uso de barba y bigote con el que los europeos llegaron a América y de ahà el asombro que causó en ellos el que los habitantes de estas tierras fuesen lampiños. He ahà por qué Ramiro preguntaba por Chaguami. ¡Espero que ese niño, que ahora debe ser un hombre hecho y derecho, se encuentre bien¡ Me llama la atención que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia Hugo Aguilar Ortiz, ostenta singular bigote, mientras arguye ser aborigen de cepa y, me pregunto si se avergonzará de su origen mestizo, del que gozamos todos los mexicanos: la Raza de Bronce de Vasconcelos, aunque posiblemente citar a este sabio mexicano no sea muy popular entre la clase dominante del paisaje polÃtico actual de nuestra patria.
